La planta matriz de Dacia en Mioveni podría perder la producción del Duster a favor de España a medida que los costes erosionan su competitividad, según un informe del medio rumano Libertatea. La advertencia que acompaña a la noticia es inusualmente contundente: «Trebuie să ne trezim. Acum!» — «¡Debemos despertar. Ahora!». Para una marca cuya identidad industrial es inseparable de Mioveni, la perspectiva de que su SUV estrella migre hacia el oeste es menos un detalle de abastecimiento que un veredicto sobre la capacidad de Rumanía para defender la fabricación de alto volumen.

El argumento central del informe es que cualquier plan para mantener el Duster en Rumanía debe respaldar no solo la planta, sino toda la cadena de proveedores de componentes que hay detrás. Las palancas que menciona son las que la industria de Europa Central y Oriental lleva años debatiendo: reducir los gastos energéticos, estimular la automatización y flexibilizar el mercado laboral. En la práctica, el destino de Mioveni se decidirá tanto entre los fabricantes de piezas que alimentan la línea como dentro de la propia planta — lo que sitúa en el centro del debate al ecosistema proveedor de Rumanía, y no a una sola fábrica.

El momento es delicado. El mercado europeo de coches nuevos está recuperando impulso: las matriculaciones de septiembre alcanzaron los 1,36 millones de unidades, volviendo a superar la barrera del millón después de que agosto se quedara por debajo por primera vez en cinco meses, con un aumento del 10,2 % interanual y del 63,8 % intermensual. Rumanía, en cambio, sigue moviéndose en la dirección contraria — las matriculaciones de turismos nuevos volvieron a descender en octubre de 2026, según datos publicados por la asociación rumana de fabricantes de automóviles — incluso mientras el comercio minorista nacional sigue invirtiendo, con Dacia Market abriendo un nuevo punto en Alba Iulia en julio.