En los pasillos que convirtieron a Hungría en una potencia de los vehículos eléctricos, se ha instalado un silencio inhabitual. El nuevo gobierno del país ha paralizado la producción en las plantas de baterías por motivos de contaminación — una decisión que ya está alterando la cadena de suministro global de vehículos eléctricos y que cuestiona la identidad que Hungría pasó años construyendo: la de hub europeo de baterías.

El parón marca el temblor más fuerte hasta la fecha en lo que los observadores del sector llaman la reestructuración post-Orbán de Hungría, un realineamiento político y económico que ahora se propaga por la industria automotriz. Bajo el anterior líder del país, Hungría se posicionó deliberadamente como hub europeo en la cadena de suministro de baterías, cortejando a empresas de China y Corea del Sur que acabaron montando plantas para fabricar componentes de vehículos eléctricos. Tanto para proveedores internacionales como para fabricantes de automóviles, esas instalaciones húngaras se convirtieron en pilares fundamentales del despliegue del vehículo eléctrico en el continente.

Ahora esos pilares están bajo inspección. El alto de producción, ordenado por motivos de contaminación, deja a los proveedores que anclaron sus estrategias europeas en la producción húngara navegando en una profunda incertidumbre sobre el futuro del país como hub de baterías. No hay forma de suavizar lo que está en juego: las baterías y sus componentes son los eslabones más estratégicos de la cadena del vehículo eléctrico, y una pausa en Hungría resuena en las líneas de montaje mucho más allá de las fronteras del país.