En las carreteras de Letonia, el futuro de la automoción se parece sospechosamente al pasado. Un reciente análisis de SEB banka revela que el mercado letón sigue dominado por los coches diésel de segunda mano, y que la mitad de todos los vehículos importados lucen solo cuatro emblemas: BMW, Mercedes-Benz, Audi y Volvo. Mientras los responsables políticos europeos debaten el futuro electrificado, el parque automovilístico de la república báltica sigue anclado al diésel premium de segunda mano.

Para el comercio de importación y logística, esa concentración es llamativa. Que cuatro marcas acaparen la mitad de los flujos de vehículos usados entrantes convierte las rutas comerciales de Letonia en algo inusualmente predecible: un ritmo constante de stock de BMW, Mercedes-Benz, Audi y Volvo, con toda la infraestructura de transporte, recambios y posventa que lo acompaña. Concesionarios y financiadores, a su vez, saben exactamente dónde se sitúa la demanda: automóviles premium diésel de eficacia probada.

Las últimas estadísticas de comercio minorista añaden un matiz intrigante. En términos interanuales, las ventas minoristas de alimentos subieron un 0,3% y las de productos no alimenticios, excluido el combustible para automoción, se dispararon un robusto 9,3%; sin embargo, las ventas de combustible cayeron un 0,8%. Los consumidores letones compran más bienes pero marginalmente menos combustible, un cambio que conviene vigilar en un mercado cuyo parque automovilístico funciona con diésel.