Las carreteras de Serbia se están electrificando a un ritmo que pocos en los Balcanes vieron venir. Las matriculaciones de vehículos eléctricos se dispararon un 300 % en 2026, elevando el parque eléctrico nacional a unos 10.000 coches, todos atendidos por apenas 250 cargadores públicos en todo el país. Eso equivale a unos cuarenta vehículos eléctricos por cada punto de carga público, una proporción que convierte cada venta exitosa en una potencial cola frente al enchufe.
El motor de la demanda no es ningún misterio. El Estado respalda el cambio con dinero contante y sonante: 5.000 € para cada coche nuevo de batería, más 500 € por una motocicleta eléctrica y 250 € por un ciclomotor, con solicitudes disponibles a través del portal eUprava hasta el 1 de diciembre de 2026. Con el plazo ya a menos de un mes vista, el programa está respaldando de facto un auge que no da señales de enfriarse: solo BEV; los híbridos se quedan fuera.
El viento de cola macroeconómico agranda aún más el boom. El Banco Mundial prevé que el crecimiento serbio se acelere por encima del 3 % en 2026 tras un 2025 más débil, impulsado por la recuperación del consumo a medida que la inflación se modera, la reactivación de actividades industriales clave, el sólido desempeño exportador y el repunte de los servicios. Los hogares y las empresas con renovado poder de gasto se topan de frente con incentivos generosos, y las cifras de matriculación muestran exactamente lo que ocurre cuando eso sucede.



