Hay una simetría sombría en los titulares automovilísticos de esta semana. En Eslovaquia, Schaeffler ha confirmado que se suprimirán cientos de empleos en sus plantas eslovacas, con medidas que afectan a parte de su producción de rodamientos. En Bruselas, la comisión de medio ambiente del Parlamento Europeo ha votado relajar las normas de CO2 que debían trazar el rumbo de la industria hacia 2035. Una historia trata de un daño ya programado; la otra, de un rescate que todavía se está construyendo.

«Las medidas en las plantas eslovacas, relativas a parte de nuestra producción de rodamientos, están previstas en un periodo de cuatro años, de 2027 a 2030», afirmó Miroslav Janota, responsable de las operaciones de Schaeffler en Eslovaquia y la República Checa. Las palabras son mesuradas; el fondo, no. Cientos de trabajadores se enfrentan ahora a una reestructuración a cámara lenta que se prolonga casi hasta el final de la década, en un país cuya industria del automóvil ya está en apuros, precisamente el malestar que, según Bruselas, su giro de política pretende curar.

Ese giro quedó nítido esta semana. Una mayoría en la comisión de medio ambiente del Parlamento respaldó objetivos de emisiones más flexibles para los automóviles, apoyando la relajación de las normas de CO2 para turismos y vehículos comerciales ligeros, una posición acordada internamente por la llamada 'plataforma central' en octubre. La votación marca un cambio significativo en la política climática de la UE y en el equilibrio de poderes del Parlamento, donde antes existía un amplio consenso político favorable a normas de CO2 cada vez más estrictas, y llega en medio de unos costes energéticos disparados que han endurecido el ánimo político.

Los cambios forman parte de un paquete más amplio de medidas destinado a fortalecer la fabricación de automóviles en la UE, acosada por competidores chinos más ágiles que ofrecen modelos electrificados más baratos. La simplificación es un tema central: en diciembre de 2025, la Comisión Europea presentó una propuesta para simplificar los requisitos técnicos y los procedimientos de pruebas de los vehículos de motor como parte de su paquete automovilístico. Para los fabricantes, equivale a un auténtico respiro: un margen de oxígeno que Bruselas espera que se traduzca en inversión y no en retirada.

Para Eslovaquia, la incómoda pregunta es de calendario. Los objetivos suavizados están pensados para estabilizar a los fabricantes europeos, pero los recortes de Schaeffler ya están anotados en el calendario para 2027-2030, lo que significa que cientos de empleos eslovacos podrían desaparecer antes de que el alivio surta efecto. Si el giro industrial de la UE puede adelantar a la reestructuración que hoy recorre las cadenas de suministro de Europa Central es la cuestión decisiva para el corazón automovilístico de la región.

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